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El pasado regresa - 4o capítulo

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El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Invitado el Dom Sep 21, 2014 3:50 pm

Aquí está la liga para el capítulo anterior http://www.candybrujasandrew.com/t2929-el-pasado-regresa-3er-capitulo

Y aquí está la continuación, espero que la disfruten.

El tiempo transcurría apaciblemente, Patty se dedicaba en cuerpo y alma a cuidar de su hijo. Como era joven y sana se recuperó pronto del parto y poco a poco se reincorporó a sus actividades habituales en el hogar. Archie y Annie los visitaban por lo menos una vez al mes y siempre discutían amistosamente por su turno para cargar a Alexander. Pero no eran los únicos que visitaban a la nueva madre y a su hijito, Tom también los seguía frecuentando. Algunas veces, cuando creía que nadie lo veía, observaba la manera tan tierna y amorosa de Patty de cargar a su hijo, como le hablaba y le cantaba, y sentía despertar algo en su pecho que no podía explicar por la chica. Al principio creyó que era solo la melancolía de no haber tenido una madre, pero esa no era la única razón, pronto se encontró deseando que el pequeño que ella arrullaba fuera hijo de él, que al terminar su jornada lo esperara una chica dulce como Patty junto con un lindo nene como Alexander.
 
Conforme pasaron los meses, Alexander fue creciendo, era un niño risueño que se ganaba con facilidad el afecto de quienes le rodeaban. Tom no dejó de acercarse a Patty y al niño, y pronto se convirtió en una de las personas favoritas del chiquillo. Una de las primeras palabras que balbuceó fue “Om” y su carita siempre se iluminaba cuando veía al vaquero. Patty tampoco fue indiferente a las atenciones de Tom, sin embargo el cuidado de su hijo y las demás responsabilidades en el orfanato no le permitían detenerse a pensar en ello. Poco después de que Alexander cumpliera un año, Annie y Archie lo habían llevado de paseo y Patty se disponía a salir a caminar por los alrededores cuando se topó con Tom, quien se ofreció a acompañarla, ella aceptó y fue en esa caminata cuando el joven pudo hablarle claro de sus sentimientos. Ella se turbó, en realidad no sabía como se sentía al respecto; sí sabía que en el fondo de su corazón siempre estaría el amor por Stear, avivado ahora con cada sonrisa y gesto del hijo que habían engendrado y que se parecía tanto a él. Pero también sabía que debía salir adelante, la herida de su corazón estaba sanando con ayuda de su pequeño consuelo y de sus amigos. También tenía que reconocer que Tom estaba ayudando en ese proceso, su galantería simple y directa, sus tiernas miradas, sus manos fuertes, hacían agitarse su corazón.
–Tom –al fin habló la chica–, realmente no sé qué decirte, yo…
–¿Lo sigues amando? ¿A Stear? –inquirió Tom sin poder evitar un dejo de amargura.
–Claro que aún lo amo y lo seguiré amando siempre, gracias a él tengo a la mayor alegría de mi vida. Sin embargo ahora sé que no pasaré el resto de mi existencia llorándolo, sé que mi corazón podrá abrirse de nuevo, pero… no sé si pueda corresponderte como te mereces Tom. Tú eres tan bueno con Alexander y conmigo.
–Eso es todo lo que quiero escuchar por el momento. Solo dame una oportunidad de ganarme un lugar en tu corazón, no solo como amigo, sino como hombre. No te pido que te cases conmigo de inmediato, solo que me dejes cortejarte, déjame demostrarte que puedo hacerte feliz, a ti y a Alexander.
–¿Casarnos? –preguntó asombrada Patty, la chica ni siquiera había contemplado aún esa posibilidad–. Pero Tom, yo ya tengo un hijo, ¿no te preocupa lo que digan de ti?, ¿qué dirá tu padre?
–Ya le hablé a mi padre de mis intenciones, él simplemente quiere conocerte y saber que eres una buena chica, lo demás no le importa, si adoptó un hijo bien puede adoptar un nieto. Además, no es joven y no puede esperar a verme establecido como hombre de familia, y si además de nuera, le doy un nieto, lo haré todavía más feliz. Y fuera de él no me importa lo que diga o piense nadie más. ¿Eso significa que me aceptas? –contestó Tom mientras tomaba la mano de Patty, ella la retiró muy nerviosa.
–Inicialmente me ofreciste tu cortejo y… y… eso es lo que aceptaré –dijo ella casi en un susurro.
 
Esa misma noche, después de dormir a Alexander, Patty entró a la habitación de Candy, donde en ese momento también se hospedaba Annie. Las encontró preparándose para dormir.
–Chicas, necesito hablar con ustedes –dijo mientras se sentaba en la orilla de la cama.
–Oh sí, tienes que contarnos como te fue con Tom –dijo Annie aplaudiendo.
–Sí, sí –insistió Candy.
–¿Cómo saben ustedes de Tom?
–Ay Patty –dijeron riendo casi al unísono.
–¿Y bien? –dijo Annie fingiendo seriedad–, ¿de qué nos quieres hablar?
–Pues Tom, me ofreció su cortejo, y yo acepté pero no sé si hice bien… después de todo ya tengo un hijo y… además siento como si faltara a la memoria de Stear.
–Vamos Patty –la animó Candy–, nuestro hermanito sabe muy bien que tienes un hijo y lo adora, los adora a los dos. Es más, me atrevo a decir que una de las muchas cosas que lo enamoró es ver lo buena madre que eres.
–Sí Patty, además recuerda lo que te dijo Archie cuando te despedimos en la estación de tren cuando ibas a Florida, que tenías que ser feliz para honrar la memoria de su hermano –recalcó Annie.
 
Así fue como Patty se decidió a aceptar las atenciones del joven vaquero. En verdad no se arrepintió, él logró ganarse su corazón de verdad y le demostró que podía hacerla feliz. Algunas veces visitó con él su granja y el señor Stevens estuvo muy complacido con la gentileza de la chica. Además que la simpatía del pequeño Alexander lo cautivó por completo, no podía esperar a que lo llamara abuelo. Después de varios meses, Patty cayó en la cuenta que Tom había logrado su cometido: ella se había enamorado él. Cuando no lo veía extrañaba su sonrisa franca, los castos besos que depositaba en su mano o en su frente al saludarla, su plática amena, esos besos no tan castos que de vez en cuando le robaba y que dejaban a ambos deseosos de más.
 
Ya había empezado el verano de 1917 cuando Tom le pidió matrimonio a su amada y esta aceptó. Solo le pidió que esperara a que su abuela le confirmara si podría asistir para fijar la fecha de la boda. La señora respondió al telegrama avisando que se pondría en camino cuanto antes, para la alegría de todos los involucrados. Una vez que Martha O’Brien llegó, Tom y su padre hablaron con ella para pedir formalmente la mano de su nieta; la señora aceptó muy complacida, la franqueza y bondad de ese par de vaqueros la encantó desde el primer momento, supo de inmediato que su nieta y su bisnieto no podían quedar en mejores manos. Llevó a Patty a Chicago a comprar un vestido de novia, y junto con Candy y Annie pasaron momentos muy emotivos y divertidos escogiendo el vestido y el ajuar para ella y para la casa. Todo esto mientras los Cornwell cuidaban de Alexander, también se ofrecieron para cuidarlo las primeras semanas después del enlace para que los recién casados pudieran salir de viaje unos días y adaptarse bien a su nueva vida.
 
Por su parte Tom, con ayuda de algunos de sus trabajadores, concluía los trabajos de la segunda planta de su casa, donde se instalaría con Patty. Su padre permanecería en sus habitaciones del primer piso y el antiguo aposento de Tom lo convertirían en estudio. En el piso superior quedó la alcoba matrimonial y algunas habitaciones más, una de ellas lista para que Alexander la ocupara, el resto Tom tenía esperanza que algún día se llenarían con más niños.
 
Conforme se acercaba la fecha del enlace, el joven le planteó a su amada algo que tenía en mente desde que le había propuesto matrimonio: que Alexander llevara el apellido Stevens. Le aseguró que él amaba al pequeño y que lo consideraba ya su primogénito y no quería que un futuro se sintiera distinto a los hermanos o hermanas que seguro le darían. Ella lo pensó mucho pero finalmente aceptó, sabía que todos lo amarían igual sin importar su apellido y tal vez sí hiciera las cosas más fáciles para el chico. Además, de momento llevaba el apellido O’Brien, ya que finalmente los señores Cornwell, a pesar de todo su apoyo, jamás le ofrecieron el apellido de su hijo. Y no se los recriminaba, ya que eran unos abuelos amorosos y también estaban al pendiente de ella.
 
Ya estaba bien entrado el otoño y el segundo cumpleaños de Alexander acababa de pasar cuando llegó la esperada boda. La ceremonia religiosa se celebraría en la capilla del orfanato y la sencilla recepción en el jardín, ya que aún no empezaban las lluvias y las temperaturas todavía no disminuían mucho. Cuando los declararon marido y mujer, todos los pequeños alumnos de Patty rompieron en aplausos. Alexander se soltó de la mano de su bisabuela y corrió a abrazar a su mamá y a Tom, a quien le habían dicho que podría llamar “papá” de ahora en adelante. Todos salieron muy contentos a disfrutar de la comida que se había organizado. Pronto se acercó la hora de partir, Albert les había ofrecido que uno de sus choferes los trasladara en auto a la estación de tren y habían aceptado. Mientras Tom subía a la carreta de su padre los últimos baúles con cosas de Patty y Alexander y trasladaba sus maletas al auto de los Ardley, Annie y Candy ayudaban a la novia a quitarse el vestido y a ponerse ropas de viaje.
–Todo estuvo muy bonito Patty, sé que serán muy felices –decía Annie mientras le quitaba a Patty el tocado de novia.
–Oh sí –la secundó Candy–. ¿Quién lo diría? Yo escuché a Tom decir hace un par de años que se casaría hasta que tuviera veintinueve y ¡míralo!, bien lazado y domado a los veinte.
Patty sonrió soñadoramente al tiempo que sus amigas la ayudaban a quitarse el vestido, realmente se sabía una mujer muy afortunada, puesto que en su corta vida había amado a dos hombres muy buenos y nobles y había sido correspondida. Sin embargo…
–Patty, de repente dejaste de sonreír, ¿pasa algo?, ¿te sientes bien? –preguntó Candy.
–¿Estás nerviosa?, ¿por… por tu… noche de bodas? –fue el turno de Annie de preguntar–. Yo lo estaría. Aunque tú…
Patty tomó aire y al fin habló.
–Pues de hecho sí lo estoy, es cierto que no va a ser mi primera vez. Pero… no sé como explicarlo. Cuando estaba con Stear soñaba que él iba a ser el único hombre en mi vida. Cuando murió y yo supe que tendría a Alexander, supuse que no volvería a estar con otro, que ninguno me aceptaría y que yo no volvería a amar. Pero ahora aquí voy de nuevo, a compartir intimidad con otro…
–¿Es que no deseas a Tom? –preguntó Candy.
–No es eso, yo sí quiero ser su mujer y estar con él. Pero no dejo de sentirme insegura al respecto.
–Ya no te preocupes, Patty. Tom te ama, se nota a leguas –la tranquilizó Annie–. Y eso debería bastarles ¿no?
–Y si es por tu físico, no tienes de que preocuparte, mírate, luces muy bella –agregó Candy–. Sigues teniendo tus curvas pero se nota que todo el trabajo aquí en el Hogar de Ponny te ha ayudado a reafirmarlo.
–Es verdad, nunca había estado tan activa como en los años que llevo aquí –sonrió y terminó de vestirse muy de prisa.
 
Una vez instalados en el vagón de tren de primera clase, regalo de la abuela Martha, la joven pareja sonreía. Patty recargaba su cabeza en el hombro de su esposo mientras miraba el paisaje pasar por la ventana con las últimas luces del día. El joven también estaba algo nervioso, pero el cálido contacto de su esposa lo animó a hablar.
–Patty, esta será nuestra primera noche juntos, entenderé si quieres esperar a que nos acostumbremos el uno al otro, no pasará nada que tú no desees.
–Querido, muchas gracias –dijo mientras apretaba la fuerte mano del vaquero–, pero lo cierto es que yo no… no quisiera hacerte esperar, yo también quiero consumar nuestro amor, pero si tú quieres esperar…
–Oh no, no –Tom suspiró aliviado y le acarició una mejilla–. Solo trataba de ser caballeroso –la miró con una mezcla de dulzura y deseo y la atrajo hacia él para iniciar un apasionado beso que finalmente los llevaría a la culminación de su amor.
 
Unas semanas más tarde regresaron felices, pasaron por Alexander a casa de los Cornwell en Chicago y se dirigieron a la granja a empezar su nueva vida juntos. Los padres de Patty comenzaron a escribirles, el saber a su hija casada les daba un respiro, a sus amistades en Europa podrían decirles que la boda se había llevado a cabo tiempo antes, así su reputación quedaría intacta y podrían disfrutar de su hija y su nieto. Ella recibió a sus padres de buen grado, sabía que su abuela Martha no sería eterna y a pesar de llevar una relación distante con sus padres no le gustaba saberlos enojados con ella.
 
Pronto fue evidente que Alexander no veía bien y necesitaba gafas, “En realidad no podría ser de otra manera”, se dijo Patty a sí misma sonriendo. Fuera de eso era un niño activo y sano, que le gustaba cabalgar junto con Tom y el abuelo Stevens. Cuando tuvo edad suficiente para entender, le explicaron la historia de su padre; Tom siempre había temido en secreto ese día, pero el chico era en verdad excepcional y aceptó la idea de tener un papá que lo cuidaba desde el cielo y otro que veía por él aquí en la tierra y lo amaba igual. Archie desde luego cumplió con lo que Patty le había pedido hace tiempo, sentaba a Alexander en sus rodillas y le contaba historias de cuando él y Stear eran niños, le mostraba los inventos que habían quedado por ahí y le explicaba los que él entendía. Le enseñó a tocar la gaita, igual que a sus propios hijos y le regaló la que había sido de Stear junto con sus kilts y demás accesorios del traje típico escocés. Le dijo que debía usarlo en ocasiones especiales, como cuando él o sus primos se casaran, a lo que el niño respondió con una mueca que le recordó tanto a su difunto hermano.
 

Un par de años después, Patty dio a luz a una linda niña a la cual llamaron Martha en honor a su abuela y era toda una O’Brien. Y más adelante, nació el pequeño Henry, quien era el vivo retrato de Tom cuando niño, según la señorita Ponny y la hermana María. Alexander crecía feliz con sus hermanos y era un gran ejemplo para ellos y, como su nombre indicaba, un gran protector. Los Stevens siempre estuvieron en contacto cercano con Archie y Annie, Albert y Candy, a quienes todos llamaban tíos y a los hijos de ellos los consideraban sus primos. De tanto en tanto, todos pasaban temporadas en Chicago donde iban a los teatros y los varones iban juntos a ver partidos de los Chicago Staleys. Del mismo modo, todos pasaban temporadas en la granja Stevens, disfrutando de las bondades del campo. Y cuando los Ardley vendieron Lakewood, agradecieron aún más la oportunidad de poder disfrutar del campo. Patty era muy feliz y sentía que nada ni nadie podría empañar su felicidad, ¡a su hijo ni siquiera le interesaban los aviones!, la mecánica y la ciencia se le daban muy bien pero todo lo enfocaba a la granja.




Aquí el link al siguiente capítulo
http://www.candybrujasandrew.com/t2941-el-pasado-regresa-5o-capitulo-final#26386


Última edición por Sabrina Cornwell el Lun Sep 22, 2014 10:33 pm, editado 1 vez

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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Blackcat el Dom Sep 21, 2014 6:09 pm

Awwwwwww... Simplemente tu historia me tiene atrapada... Que mal que los padres de Paty por guardar las apariencias, hayan perdido los primeros años de su nieto y si... Aunque hayas dejado de ser virgen, siempre cuando hay otro hombre en tu vida sera la primera vez y el nervio es casi el mismo (Le gustare???, Se me notara la lonja??? Como lo tendra???, Le gustara como se lo hago??? Y si no me gusta como lo hace???... a diferencia que ya sabes a lo que vas... Jajajajajajajaja

Me encanto el detalle de que Archie le regalara el kilt y gaita de su hermano...
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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Soraya De Andrew el Dom Sep 21, 2014 7:13 pm

¡¡con toda sinceridad me agradaria que no tardaraas mucho en actualizar o pensare muy seriamente en castigar a las Brujas que no actualizen pronto.!!!
¡¡Esta Genial.!!





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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Invitado el Dom Sep 21, 2014 7:21 pm

awwww la relavión entre Archie y el pequeño me llena de nostalgia por lo que pudo ser... sin embargo me encanta que Paty haya seguido seguir adelante y con la frente en alto, con su bebé, para luego darse la oportunidad de volver a enamorarse.
Esta historia es hermosa, estoy absolutamente encantada con ella

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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Invitado el Dom Sep 21, 2014 7:53 pm

Hermósa historia, pareja y muy emotiva. Esperando la continuación. Que Tom tan dulce y tierno y maduro, aceptando un hijo adoptivo. Lo mismo que el señor Stevens.

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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Invitado el Lun Sep 22, 2014 3:50 am

Buahhhhhhhhhhhhh! Precioso fin! !!!! Un mini gafas! !!! Buahhhhhhhhhh! Me encantó!

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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Invitado el Lun Sep 22, 2014 4:49 am

Aaaaayyy qué hermosura de fic, lleno de pequeños detalles realistas y conmovedores. Una joya!

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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Invitado el Lun Sep 22, 2014 8:41 am

Gracias a todas por sus comentarios, yo los siento como halagos al triple por venir de talentos tan grandes como ustedes.

Candy Fann ¡todavía no es el final! Tenemos que regresar a ver que pasa en 1940 Wink

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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Armoniosita Andrew el Mar Sep 23, 2014 7:43 am

Fascinante me tienes atenta a estas
linda historia de Paty tan linda sufrió pero tiene el gusto de ser amada por el lindo Tom
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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

Mensaje por Invitado el Miér Sep 24, 2014 1:50 am

Me gusta la madurez en que manejan las cosa, sin secretos ni ponzoña, hablandole claro al niño, manteniendo vivo en su corazón a su padre  y disfrutando de su otro papá, con amor. Solté una carcajada con el comentario de Blackcat....la pura verdad !

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Re: El pasado regresa - 4o capítulo

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