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FIC ALMAS REBELDES: CAPITULO XIV ENERO ... ENCUENTRO CON LA ALEGRIA

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FIC ALMAS REBELDES: CAPITULO XIV ENERO ... ENCUENTRO CON LA ALEGRIA

Mensaje por Brujita Alex el Sáb Sep 29, 2012 10:30 pm

Capítulo XIV
ENERO…ENCUENTRO CON LA ALEGRIA
21 de Enero de 1988: Las chicas se detienen en una joyería, todas andan misteriosas… La joyería es la conocida Nat Méndez, que ha coronado los sueños de tantos graduandos, con la confección de las sortijas de graduación de todos los colegios… Una joyería cotizada…
El dueño de la joyería las atendió, ya que el encargo era con él.
-Buenos días señoritas… imagino que vienen a buscar sus medallas…
-Si… tienen las inscripciones que les pedimos
-Si, las tienen… sobre todo la suya, señorita Altamirano…
Las medallas de las que hablaba el señor Nathaniel, eran de oro macizo, con la imagen de San Juan Bosco… especialmente venerado, en Panamá. Cada año, la procesión de Don Bosco, el 31 de enero, aglutinaba miles y miles de fieles… cosa que envidiaban los políticos.
La historia de esta hermosa y singular devoción se remonta a los primeros años de la República… Previamente a su llegada a Panamá en 1907, las autoridades eclesiásticas y civiles habían realizado gestiones para traer a los hijos de
Don Bosco a nuestro país, la primera a través de una carta del Obispo de Panamá, Monseñor José Guillermo Peralta y la otra del Gobierno Central de Colombia. Ambas propuestas,
por carecer la Congregación de suficientes sacerdotes, tuvieron que esperar algunos años la respuesta afirmativa.
El 2 de enero de 1888, en efecto, el citado Obispo escribió una larga carta a Don Bosco, en italiano, comenzando así: “Hoy he tenido el placer de ver a los carísimos sacerdotes, que van rumbo al Ecuador, y hubiera deseado, por un momento,
Poder quitar a V. S. toda la autoridad que tiene sobre ellos, para disponer de todos a mi antojo. Después de haber conocido a estos buenos Padres y Hermanos, no podía dejar
De enamorarme de ellos y desear que ellos fueran mi sostén y alivio en esta diócesis”.
El Obispo se refería a la expedición de misioneros destinados al Ecuador, guiados por Don Luis Calcagno. Dicha expedición fue la última enviada por Don Bosco, quien a través de un telegrama, recibió la noticia de la llegada de los primeros salesianos a Guayaquil, la víspera de su muerte. “Don Miguel Rúa se lo dijo, hablándole como se hace con quien es duro de oídos. A algunos les pareció que abrió los ojos, levantando sus pupilas al cielo”.
La respuesta (negativa por la escasez de personal) no fue girada a Monseñor Peralta hasta el 22 de abril de 1888, debido a los atrasos motivados por la muerte de Don Bosco. En su carta el obispo pedía la presencia de los salesianos para confiarles la provincia de Chiriquí, la cual contaba con doce parroquias. Para obtener lo deseado interpuso los buenos oficios de la Santa Sede y de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios. Esta se dirigió al Padre Juan Cagliero, Procurador en aquel entonces de la Congregación Salesiana, con una recomendación que debía remitir a Don Rúa, preguntándole cuántos salesianos debían ir a Panamá.
Don Miguel Rúa, sucesor de Don Bosco, encargó a dicho inspector salesiano que fuera a Panamá a fin de informarse del asunto, pero mientras éste estaba de viaje, estalló la revolución que desembocaría en la independencia. El Gobierno de la nueva República, sin embargo, reinició los trámites llevados a cabo por los miembros que habían formado parte del cesante Gobierno departamental. Don Rúa designó nuevamente a Don Aimé para trámites con el Gobierno. Lo recibió el Obispo Monseñor Javier Junguito S. J., quien era gran amigo de los salesianos.
El prelado, con ocasión de su visita “Ad Limina Apostolorum” había pasado también por Turín para visitar a Don Rúa, Rector Mayor de los Salesianos y pedirle que enviara a sus salesianos a Panamá. (Teniendo en cuenta la fecha arriba asignada habría que concluir que la visita de Monseñor Junguito, tuvo lugar antes de la llegada de Don Aimé a Panamá, o en 1905, para insistir en la fundación, antes de 1910, fecha tope puesta por los Superiores de Turín).
Don Aimé visitó el local destinado a la Escuela oficial y lo encontró muy pequeño, pero enseguida fue dada la orden de ampliarlo, de tal manera que hubiera cupo para cien alumnos. Según el contrato estipulado, el Gobierno se comprometía a retribuir generosamente al personal, a pagar
La pensión para setenta alumnos, suministrar máquinas, etc. y a dejar al Director completa libertad de acción, reservándose únicamente el derecho a la alta vigilancia.
Al enviar el contrato a Turín, Don Aimé insistía en las conveniencias notadas subrayando los estragos causados por los protestantes en la pequeña y joven República. Los Superiores estaban firmes en la fecha tope de 1910. Aunque el gobierno se comprometía a pagar los pasajes, había sin embargo una condición que les incomodaba: el personal no
se podía traer de la vecina Colombia, sino que todos debían venir de Estados Unidos o Europa. El Obispo explicó a los Superiores que no se trataba de ánimo hostil y que la cosa era “ad tempus”,
El Gobierno de Panamá estaba impaciente. El Ministerio de Instrucción Pública informó sobre los trámites a su representante en París, escribiéndole el 22 de marzo de 1904: “El Excelentísimo Señor Presidente de la República tiene vivos deseos de que la deseada Escuela (de Artes) comience a funcionar cuanto antes; por consiguiente, agradecería mucho a Usted que llevara a término los respectivos trámites en el más breve tiempo posible. El Presidente ha sido autorizado plenamente por la Convención Nacional, para concluir este negocio, de manera que, de parte del Gobierno, no habrá obstáculo ninguno, siempre que los Padres Salesianos presenten propuestas razonables, como es de esperar”.
El encargado de las gestiones, Don Juan Bautista Poylo, discutió el asunto con Don Bologna y escribió a Don Rúa. Fue en diciembre de 1904 cuando llegó a Panamá el Inspector de Colombia Don Aimé para discutir los Taller de sastrería del Hospicio de Huérfanos de San Miguel, fundado en 1910.
Hasta que se establecieran relaciones normales con Colombia. Se trataba, de una medida de prudencia. La prisa providencial de Monseñor Santiago Costamagna jugó en favor de la futura casa salesiana en Panamá pues debía agregarse a la Inspectoría del Divino Salvador y el Padre Inspector Don José Misieri. No habiendo recibido a tiempo la orden de los Superiores de contemporizar, cedió a las presiones del citado monseñor, que entonces residía en Santa Tecla, El Salvador, y no quería ulteriores tardanzas. De esta manera, se adelantó la fecha de la futura fundación. El Padre Misieri, después de designar a cada uno de los salesianos llegados a Cartago, Costa Rica sus ocupaciones, prosiguió su viaje con los destinados a Panamá. Los dos sacerdotes que lo acompañaron fueron el Padre José Encarnación Argueta, salvadoreño y el Padre Hugo Agustín Wrobel, polaco. El Obispo Monseñor Francisco Javier Junguito S.J. les asignó “el cuidado de la parroquia dedicada a San Miguel Arcángel, en un área de trabajadores antillanos que trabajaban en las obras del Canal Interoceánico, que se inauguraría el 15 de agosto de 1914.
La Escuela de Artes y Oficios se instaló en octubre de 1907 atendida por profesores alemanes contratados. Fue inaugurada el 2 de noviembre de ese año por el Primer Designado encargado la Presidencia, siendo primer director el doctor E. Hoffman.
El Secretario de Instrucción Pública era Don Melchor Lasso de la Vega. El 6 de noviembre 1907 el diario La Estrella de Panamá informaba que “en la Escuela de Artes y Oficios listos están ya los talleres de carpintería y ebanistería, de hojalatería y fontanería, de herrería y cerrajería, de fundición y de encuadernación, de ornato y modelado, de dibujo de ornato y figura, lineal y de máquinas donde los alumnos recibirán una enseñanza teórico-práctica, que los pondrá en capacidad, después de tres años de aprendizaje, de
ejercer una profesión con la cual pueden ganarse la vida honrada y dignamente”.
El Gobierno firmó el contrato tan deseado con los salesianos para la administración de la Escuela el 7 de marzo de 1908, fungiendo como primer director el Padre José Encarnación Argueta. Se trataba de un pequeño local situado en la Calle 12.
El año escolar se inauguró el 20de abril a las 8 de la mañana. Los alumnos eran 22 internos, becadospor el Estado y dirigidos por 6 maestros alemanes. Las clases empezaron formalmente el 1ero. de mayo de ese año y los alumnos -sumados a los becados-, eran 47.
Como ayudante del Padre Director Argueta aparecía el Diácono Rodolfo Mittelberguer, alemán, en calidad de director de los talleres. Por divergencias con el gobierno en cuanto a la dirección de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, el contrato fue denunciado y rescindido, retirándose los salesianos para dedicarse a la Parroquia de San Miguel Arcángel, la que tuvieron a su cuidado hasta 1929, cuando fue entregada a la Curia, siendo director del Hospicio de Huérfanos el Padre Domingo Soldati.
En publicaciones salesianas se reseña los primeros pasos dados para la realización de una obra propia, el Hospicio de Huérfanos: “El celo incansable de los Cooperadores y Cooperadoras Panameñas logró su primer triunfo el día 15 de Agosto, pues en esa fecha púdose por fin bendecir y colocar la primera piedra del Hospicio de Huérfanos que dirigirán los Salesianos”. Por su parte, ‘La Estrella de Panamá’, en su edición del 17 de agosto registra así la crónica del acontecimiento: “Con un tiempo magnífico como si la misma naturaleza, regocijada, hubiera querido contribuir a la obra piadosa de la semilla del alivio al infortunio que se iba a sembrar, se efectuó la ceremonia de la colocación de la primera piedra del Hospicio de Huérfanos para la cual habíamos recibido invitación especial de la Junta de las Cooperadoras Salesianas. Asistieron a la fiesta, que resultó solemne, el Excelentísimo Señor Presidente de la República y Señora de Obaldía, los Secretarios de Estado en los distintos despachos, el Señor Gobernador de la Provincia, el Señor Alcalde del Distrito y número considerable de particulares de todas las capas sociales, a pesar de que las simultáneas distracciones del domingo restaron mucha concurrencia, que de no haber sido así se habrían puesto más de relieve, una nueva vez, los sentimientos caritativos y piadosos de los panameños, que se acrecentarán mientras más menudas sean las coces contra el aguijón de su conciencia religiosa”.
En su Carta del Inspector Don José Misieri de 1910 al Revmo Señor Don Rinaldi, escrita desde Panamá el 24 de junio de 1910, el sacerdote describe los inicios del Hospicio como una casa para recoger niños huérfanos:: “Y de Panamá ¿qué diré? Aquí Don Bosco ha obrado verdaderos prodigios moviendo los corazones hasta de los más indiferentes de suerte que en menos de seis meses se vio levantar un espléndido edificio capaz de contener unos cien niños.
Costó 50.000 pesos y se terminó sin un céntimo de deuda. Los cooperadores y especialmente el Papá de los Salesianos, Señor Don Nicanor de Obarrio y la junta directiva de las cooperadoras consideran nuestra obra como suya propia, y proveen todo lo que es necesario para su desarrollo. Cuánto bien podremos hacer si los Rmos. Superiores nos darán el personal necesario! Aquí en estos países, se puede muy biendecir: parvuli petierunt panem et non erat qui frangret eis.”.
El señor Manuel Espinosa donó el terreno con la Escritura Pública No. 543, registrada el 9 de julio de 1909.Una vez conseguido el terreno, se instaló una Comisión preparatoria, integrada por el Padre Antonio Russo, Don Nicanor de Obarrio, Doña Micaela Sosa vda. De Icaza y Don Ramón Arias Jr. Los planos fueron Taller de zapatería, Hospicio de Huérfanos, confeccionados, valorándose la ejecución de los mismos en ochenta mil dólares, según datos del Padre Misieri. El Gobierno contribuyó con cuarenta mil; el Municipio con veinte mil; el comercio con diez mil y los Cooperadores y Cooperadoras con los diez mil que faltaban para completar la suma requerida. Se colocó la primera piedra el 15 de agosto de 1909, con la presencia del Presidente de la República, Don José de Obaldía. La piedra basilar fue bendecida por el Vicario General, por encontrarse ausente el Señor Obispo Monseñor Javier Junguito. El discurso fue pronunciado por el Padre Antonio Russo.
El gran bienhechor: Don Nicanor de Obarrio El alma y director de la obra, fue sin duda el distinguido caballero Don Nicanor de Obarrio, quien ha pasado a la historia como “El Papá de los Salesianos”. Don Nicanor envió a todas sus amistades en el país y el exterior, cartas pidiendo ayuda económica destinada a la construcción del Hospicio de Huérfanos, que él consideraba una obra de gran importancia para el país.
Como presupuesto del costo lo calculó en 50.000 pesos plata, o sea B/. 25.000 en moneda americana. Junto a Don Nicanor, hay que destacar la eficaz ayuda y el trabajo de las Cooperadoras y en especial de su Presidenta, Doña Micaela Sosa de Ycaza, para la realización del proyecto.
Un escrito de Doña Gabriela Obarrio de Navarro, testimonia la generosidad y desprendimiento de este insigne panameño, que abrazó de corazón los ideales salesianos y se sentía salesiano: “Don Nicanor de Obarrio Pérez, casado con Doña María Icaza, señora ésta que poseía una fortuna considerable, soñó que había un religioso dedicado a adoptar gran número de niños huérfanos y que no sólo los alimentaba, sino que había establecido una Escuela para que, cuando salieran de allí, pudieran conseguir un buen empleo. Este sueño le causó tal impresión a Don Nicanor, que se lo relató a Doña María y los dos resolvieron ir donde el Obispo Junguito, para que les informara si este religioso había existido. El Obispo impresionado por este relato, les confirmó su existencia, les dijo que se llamaba Don Bosco y les repitió el cuento tal como lo había soñado Don Nicanor; ellos se llenaron de temor y dispusieron colectar dinero de amigos y parientes haciendo al mismo tiempo votos de pobreza y en su Testamento les dejó todos sus bienes y haberes...”. “Ellos se mudaron a vivir en unos cuartitos de la planta baja de un edificio frente a las ruinas en la Avenida A.
Dicho apartamento consistía únicamente de un cuartito frente a la Avenida A y otro cuartito, donde sólo había dos bancas de madera, que era donde dormían. Don Manuel Espinosa Batista donó el terreno sobre el cual se construyó el edificio y con la ayuda de Doña Micaela Sosa y las donaciones de amigos y parientes, comenzó la construcción de un edificio para traer los Salesianos a Panamá. El Tío Nicanor -como cariñosamente lo llamábamos por ser hermano de mi abuelo Gabriel de Obarrio Pérez-, tenía tal entusiasmo por la construcción de este edificio, que dio su vida trabajando bajo sol y lluvia, para ayudar a la terminación del mismo”.
“Ya cuando el edificio estaba funcionandocon los Salesianos y los huérfanos murió el tío Nicanor; fue en la Catedral donde lo velaron y como en esa época se acostumbraba hacer un catafalco bien alto donde se colocaba el ataúd, se construyó una escalerita para que los huerfanitos subieran para verlo y se despidieran de él. Una vez que visité el Hospicio vi el busto del tío Nicanor en el patio donde jugaban los niños, posteriormente lo mudaron a un lado de la Basílica, donde colocan los restos de los Salesianos.
Cuando el Hipódromo estaba en Juan Franco, hoy Urbanización Obarrio, todas las semanas nos daban cierto porcentaje de las apuestas en concepto de alquiler, pero cada clásico que se llevara a efecto durante la semana o por cualquier motivo, fuera de los sábados y domingos, mis hermanos y yo le endosábamos el cheque al Hospicio de Huérfanos, honrando así la memoria del Tío Nicanor”, refiere finalmente Doña Gabriela Obarrio de Navarro.
El edificio fue bendecido por el Obispo Monseñor Javier Junguito el 24 de enero de 1910, con la asistencia del Presidente de la República, Don José Domingo de Obaldía, su esposa y una selecta concurrencia. El Doctor Pablo Arosemena, más tarde Presidente de la República, pronunció un solemne discurso de inauguración. El Hospiciode Huérfanos graduó su primer alumno -de oficio carpintero- el 31 de enero de 1911.
El primer director del Hospicio de Huérfanos fue el Padre Antonio Russo, quien estuvo al frente del mismo por más de dieciocho años. De él escribió el Padre Inspector José Misieri: “Por más de dieciocho años, con su mano firme, pero sobre todo con su corazón de padre, hizo florecer aquel Plantel y pudo dar a la sociedad una legión de artesanos, que sacados del arroyo, son hoy la parte más sana de aquella joven República, y el nombre de ese esclarecido hijo de Don Bosco, aún hoy se repite con cariño y vive muy hondo en el corazón de toda la sociedad panameña”.
Desde su primera década, se impartía una educación esmerada encaminada a formar no solamente personas útiles a la sociedad e idóneas profesionalmente, sino a ser buenos cristianos y honrados ciudadanos, según enseñaba Don Bosco. Para tener a los alumnos alejados de las malas costumbres y desarrollar sus habilidades y talentos, además del estudio, y el trabajo en los talleres, se preparaban actividades culturales y se les formaba a través del teatro,la poesía, la música, los juegos y el deporte.
Los jóvenes participaban activamente en la banda de música, el Club Patria, y en Asociaciones de jóvenes como la Compañía de San José y la Compañía del Santísimo; servían de monaguillos y especialmente preparaban, guiados por los salesianos, excelentes obras de teatro.
Fue así que el Padre Antonio Russo con los cooperadores adquieren en Santa Rita unos terrenos para fundar un Oratorio Festivo, inaugurado el 23 de mayo de 1910 con la asistencia del Señor Presidente de la República, Don Ernesto T. Lefevre en presencia del Señor Obispo Guillermo Rojas y Arrieta, quien bendijo las instalaciones, a los niños y dirigió palabras muy elocuentes al público, alabando la fundación del Oratorio.
También habló el Padre Russo “recomendando esa obra a la caridad de todos y alabando la determinación de poner al edificio el nombre de Manuel Espinosa como recuerdo del gran bienhechor”.
Su primer director fue el Padre Antonio Russo, sucediéndole en el cargo en 1922 el Padre José de laCruz Turcios, quien más tarde fue nombrado Arzobispo de Tegucigalpa.
Para 1924, asistían al Oratorio alrededor de 400 niños todos los domingos y fiestas de guardar. Además de la formación catequética y espiritual, se efectuaban otras actividades recreativas, como eran las ferias y funciones teatrales, en las que también participaba los integrantes de la Banda del Hospicio y los Antiguos Alumnos.
Entre los sacerdotes que desplegaron su actividad en el Oratorio Festivo de Ancón destacamos la labor del Padre Francesco Mania, quien desde 1931 -cuando llegó a Panamá, hasta su muerte, dedicó su amor y cuidados a los niños y jóvenes pobres de nuestra ciudad.
El 21 de noviembre de 1970 se vendió el terreno del Oratorio, para cancelar una deuda contraída durante la construcción del Instituto Técnico Don Bosco. Para entonces, el Oratorio de Ancón había dejado de funcionar debido a la escasez de personal adecuado y otras razones.
Las actividades oratorianas prosiguieron en los ambientes del antiguo Hospicio y en el nuevo Instituto Técnico Don Bosco.
El 2 de junio de 1929 el Fundador de los Salesianos fue declarado Beato por Su Santidad Pio XI, el Papa de Don Bosco. El Padre Domingo Soldati pronunció un memorable discurso en el Teatro Nacional como conclusión de las fiestas de la beatificación, celebradas en la catedral. La fiesta de la canonización fue celebrada el 29 de abril, precedida de la Novena, durante la cual predicó -lo mismo que el día de la fiesta- el Padre Carlos Meneses, de Costa Rica. Por la tarde se efectuó la magna Procesión del Santo, siendo ésta la precursora de las multitudinarias manifestaciones que en los años venideros tienen lugar los 31 de enero, a lo largo de las calzadas de la capital panameña. Desde el año 1940 se empezó a celebrar la fiesta del propio día (31) aunque cayera en día de semana.
Sobre el Hospicio de Huérfanos, el Padre Domingo Soldati manifestó: “Nuestra dicha se completa hoy porque nunca es más bella, santa y conquistadora nuestra misión que cuando se hace preceder de la Beneficencia. ¿Nos entregarían estos niños pobres sus almas, si no estuviéramos los Salesianos cuidando de su bienestar material y corporal, como si fuéramos sus criados? La gran figura de Don Bosco se agiganta cada día más en el mundo entero, porque es una proyección de la del Divino Maestro, quien no obró milagros sino para dar de comer al hambriento, curar a los enfermos consolar a los afligidos y resucitar a los muertos. B/. 11.900.00 ha costado este edificio. Quedamos debiendo cuatro mil. ¿Quién los pagará? La Providencia, decía Don Bosco. Ella, digo yo, y los bondadosos panameños a los que jamás acudí en vano. Señores, quien quiere el bien de la patria, ama y ayuda al Hospicio. Más de quinientos obreros han salido de aquí ya y figuran varios de ellos entre los padrinos de hoy. Por eso el gobierno y el municipio y el público en general han mirado con simpatía nuestra labor y nos han ayudado. De todos y por todo estamos muy agradecidos los salesianos”.
El 15 de agosto cumplía el Hospicio su primer cuarto de siglo de vida activa. Hasta ese momento habían pasado por el Hospicio desde su fundación 1.350 niños; de Panamá, 932, de Colón 82, de Coclé 86, de Los Santos 93, de Veraguas 89, de Chiriquí 75, y de Bocas del Toro 13.
Obtuvieron diploma 515 o se ausentaron en vísperas de recibirlo, pero todos salieron aptos para ganarse el sustento en el oficio aprendido.
El 30 de enero de 1949 a las 3:00 p.m. se colocó la primera piedra del templo, bendecida y colocada por el Padre Inspector Don Serafín Santolini, con la asistencia de numerosas personas y representaciones del clero. Gran propulsor de la obra fue el Padre Juan Huber, quien había llegado en abril de 1947. “Su espíritu de ahorro -apunta el Padre Serrano- austeridad y constancia, unido a la paciencia en sufrir las estrecheces e incomodidades por tener internado, hizo posible la realización de esta obra, sueño del Padre Soldati.
Predicó la novena el gran admirador de Don Bosco, Padre Ambrosio Rossi, profesor entonces, del Instituto Filosófico-Teológico Don Rúa, quien solía decir que, desde la primera vez que había venido a predicar la novena, pudo constatar -con gran admiración- la entusiasta devoción del pueblo panameño hacia Don Bosco. Al finalizar su gestión al frente del Hospicio, llamado luego Escuela Don Bosco, el Padre Huber recibió un reconocimiento como despedida. La dedicatoria expresaba: “Al M.R.P. Juan Huber, Superior de los Salesianos en Panamá, Maestros y Alumnos de la Escuela Don Bosco ,con profundo cariño, dedican”.
Por su parte un cronista escribió: “al terminar su directorado el Padre Huber deja un recuerdo imperecedero, el Templo Don Bosco, sueño del Padre Soldati. Su espíritu de ahorro, austeridad y constancia unidos a la paciencia en sufrir las estrecheces e incomodidades, con el fin de conservar el internado, hizo posible la realización de esta obra. No podemos hacer otra cosa sino admirar su valentía. Dios lo premie”.
A lo largo de 1953 prosiguieron los trabajos, siendo director el Padre Marino Morlin. Faltaba mucho por hacer: colocar el cielo raso, afinar columnas, arcos, completar motivos ornamentales, pavimento del cuerpo de la iglesia y del presbiterio en mármol, altares, vitrales, estatua de San Juan Bosco en mármol blanco colocada sobre el retablo también de mármol, mosaico sobre la bóveda del presbiterio, balaustrada de mármol etc. Según el Padre Morlín, “calculada la superficie del cuerpo de la iglesia en metros cuadrados y hecho el respectivo plano, se pidió a los devotos de Don Bosco que anotaran el metro que deseaban costear. El precio del primer metro fue cancelado por S.E. Monseñor Luis Chávez y González, Arzobispo de San Salvador”.
La obra del Santo en Panamá cuenta con un Templo Votivo, el Instituto Técnico Don Bosco, Escuela Santo Domingo Savio, un colegio para niñas llamado María Auxiliadora y cientos de ex alumnos que sirven al país en diferentes ramas.
Específicamente en el Templo Don Bosco, realizan su apostolado jóvenes y adultos a través de grupos, movimientos y asociaciones. Todas estas agrupaciones y asociaciones trabajan bajo el carisma salesiano y aportan su grano de arena en la celebración de la novena que todos los años culmina con una multitudinaria procesión, que es calificada como la más concurrida en el mundo.
Han transcurrido 100 años, de su muerte, durante los cuales, como un ángel tutelar, el hijo de Mamá Margarita Occhiena, hoy santo, ha calado con su carisma en el corazón de miles de panameños y panameñas llevándolos a hacer de la fe un medio para seguir enfrentando la cruz de cada día. Aun en esos momentos de incertidumbre y enfrentamientos entre familias solo por un hombre, sin entender que el pobre pueblo se desangra en las calles, bota a sus seres queridos a un lado en aras de un partido, cuando los políticos hacen ver que son adversarios y detrás del pueblo se comen todos en el mismo plato en un club social…el llamado Club Unión, donde se reúne la créme de la créme de la oligarquía criolla.
Salieron cada una de la joyería con su paquete…
-Mañana van con nosotras a la novena… Hasta Naoko… cosa que sorprendió por que Alicia lo creía budista y ahora se entera que es tan católico como ella…como para que no saque el viejo argumento de las diferencias religiosas…
-Yo también, me sorprendí, con Heini… pensé que era protestante…
-Pues no, en Alemania sigue teniendo minoría católica…
AL LLEGAR AL EDIFICIO TOWER HOUSE SUITES…
Ariadna se veía cansada… tenia casi quince días de estar viajando al hospital… su madre fue sometida a una histerectomía para intentar detener el cáncer que la aquejaba…
Bryan sabia que ella era devota de San Juan Bosco, al que le pidió la gracia de que su madre viviera… aunque bien sabía que era pedir demasiado… Igual gracia pedían el resto de sus compañeras… menos Fulvia Rebeca, Sonia y Daniela, que pedían la gracia de la paz interior… que no podían conseguir…
Desde el beso que Sean le diera, Daniela había cambiado mucho… ya el hombre no le era tan indiferente… y le daba miedo enfrentar sus sentimientos por él…temía enamorarse… para ella enamorarse equivalía a perder el control sobre ella misma y sus decisiones.
22 de enero 1988: La tarde estaba preciosa, un sol de verano, hermoso y un cielo que daba gusto mirar, típico de la estación seca en Panamá… Eran las cuatro y media, y las chicas se arreglaban para asistir a la Novena.
-Listas? -preguntó Naoko.
-Ya estamos listas… -dijo Alicia.
Salieron en un busito coaster, Alicia conducía… Todos iban a la expectativa… Y las chicas iban en actitud de fe y devoción… al encuentro con el señor de la alegría… el que decía que la santidad consistía en estar alegre… aun en los momentos más críticos…
Llegaron al templo votivo Don Bosco, que como siempre, estaba a reventar el primer día de la novena… aun así, encontraron puesto para que todos se sentaran… el predicador como siempre era un sacerdote extranjero, casi siempre centroamericano, de Honduras, Guatemala o de El Salvador…
El busito fue estacionado en el patio interior del colegio primario Don Bosco… donde estaría seguro y resguardado. La misa dio inicio… las chicas cantaban con fervor los cantos de entrada….

Vienen con alegría Señor…
Cantando vienen con alegría Señor…
Los que caminan por la vida Señor..
Sembrando tu paz y amor…
La homilía que se escuchó era una crítica a los momentos que vivía la nación panameña, que por nueve días olvidaba los fervores politiqueros para concentrarse en el Padre y Maestro de la Juventud…
Naoko en su niñez, fue educado en un colegio salesiano, que lo forjó como hombre y como profesional…luego entro a la Marina, que le dio la disciplina necesaria además de los conocimientos para actuar en diversas situaciones… y modelo su carácter de dirigente…

Arriba los corazones…
Vayamos todos al pan de vida
Que es fuente de gloria eterna…
De fortaleza y de alegría…
Se acercaba la hora de la Novena… y era la comunión el momento en que las chicas pedían fortaleza a Jesús para continuar con su misión y su entrega por las madres que languidecían victimas de aquella triste y cruel enfermedad…
Ariadna no había parado de llorar desde el momento de la consagración eucarística… al igual que las demás chicas, llantos silenciosos, pero preñados de angustia y dolor interno… un dolor que no lo calmaba nada… solo el perdón y el olvido… cosa que no podían pedirles en esos momentos…
Carla también, incluso luego de recibir la comunión…

Su concierto… ha entonado…
Las campanas clamorosas…
Al que pasa coronado…
De laureles y de rosas…
Un vibrar de corazones
De sonrisas y de afanes…
Hoy se mece entre oraciones
Todo el mundo en los altares
Don Bosco te aclama…
Cual padre y pastor…
Legiones inmensas con himnos de amor...
Don Bosco te aclama…
Cual padre y pastor…
Legiones inmensas, con himnos de amor…

Así pasaron los nueve días de la novena. Carla incluso se dio tiempo a visitar a una tía muy querida, que era la compositora de tamboreras más afamadas… Que en ese momento estaba componiendo una tamborera para el Centenario de la Muerte de Don Bosco…
Y llegó el día tan esperado… 31 de enero de 1988, en el programa de las actividades de ese día, tenían misas como en día domingo… de siete, ocho, nueve, diez y once de la mañana, y la misa de las dos de la tarde, con el Arzobispo, S.S.E. Reverendo Marcos Gregorio Mc Grath. Y se daría inicio a la procesión multitudinaria…

El carro donde llevaban la imagen del santo, era una obra de arte… era un barco, en el cual habían tres columnas… en una estaba la Virgen, en otra la eucaristía y en otra el Papa. Pilares importantes en la formación salesiana además del famoso sistema preventivo… que alejaba a tantos jóvenes y jovencitos de la delincuencia y del vicio.
Entre los que formaban parte de la procesión iban los integrantes de The Group… junto con sus escoltas… Naoko iba de negro, se veía irresistiblemente varonil… contrastando con Alicia que llevaba un suéter del Centenario de la Muerte de Don Bosco, igual que las demás muchachas.
Terrence también iba vestido casualmente, con un jean y camisa azul… que resaltaba mucho su físico…. Ninguno había escatimado recursos para arreglarse.

El centenario de la muerte…
De Don Bosco es Universal…
Don Bosco no ha muerto, vive…
Y con nosotros aquí está
Su vida y obra salvar almas
Conforme al espíritu de Dios
Y como dice Romanos 8:1
Por su fe Dios lo premio
Don Bosco si arrastra gente,
Como devota digo al cantar..
Panamá tu eres de Don Bosco
Don Bosco tu eres de Panamá.

Al llegar a la Plaza Porras, en el barrio de La Exposición, en el corregimiento de Calidonia, se acomodaron en uno de los lados del parque… la misa solemne de clausura de aquella semana de fiesta espiritual…seria campal. Y Naoko reparo en una cajita azul de terciopelo que llevaba Alicia en la mano…
-¿Qué es eso, Alicia?
-Un regalo para ti, pero debo bendecirlo primero…
Igual paquete llevaban las demás… durante la misa campal, se hizo referencia a los momentos de difícil lucha que enfrentaba aquel noble pueblo… que buscaba en Dios la cura para sus males tanto corporales como espirituales…
Las canciones fueron hermosas… y sentidas…

Renuevame… Señor Jesús…
Ya no quiero ser igual…
Renuevame Señor Jesús,
Pon en mi tu corazón…
Por que todo lo que hay dentro de mí
Necesita ser cambiado Señor…
Por que todo lo que hay dentro de mí
Necesita ser lavado, señor
Por que todo lo que hay dentro de mi corazón
Necesita más de ti.

Al acabar la misa, y regresar a la base, Naoko le volvio a preguntar por el paquete…
-Te lo entregaré cuando lleguemos.
Y así lo hizo… ya en su habitación Naoko se había quitado la camisa… cuando unos toques tímidos en la puerta, lo hicieron abrirla… allí estaba Alicia…
-Vine a entregarte tu regalo.
Tomó la cajita azul… El la abrió… y allí estaba, una medalla de oro… con la efigie del Santo en bajorrelieve y una inscripción detrás de la medalla que decía en latín… DA MIHI ANIMAS CAETERA TOLLE (DAME ALMAS, LLEVATE LO DEMAS) y una más pequeña que decía… “En esta medalla, va un trozo de mi corazón… por que vayas donde vayas, mi corazón estará contigo…” Alicia Alejandra 31-1-1988.
Sonrió sensual y la miró…. Sorprendiendo en ella el sonrojo más hermoso que hubiese visto… y le dijo
-Pónmela… Quiero que seas tu la que me pongas esto.
No se hizo de rogar… y se la puso... hacia un fascinante contraste con su piel bronceada… El le rodeo la cintura…
-Debo irme…
-Es un regalo hermoso… -murmuró – Debo agradecértelo apropiadamente- y la estrechó suavemente contra él… y en silencio, sus labios volvieron a apoderarse de los de Alicia…
Alicia le rodeo el cuello con los brazos… su cuerpo quedó apretado a él…. Y él aprovechó para sentirla….
-Me tengo que ir… recuerda lo que dice Maryland.
-Es una tortura…Alicia, tú me amas y no quieres reconocerlo…
-Qué gano si te digo que sí… en estos momentos no se puede hacer nada… Buenas noches…
Y se fue, dejándolo allí, con sus temores y aprensiones…

Brujita Alex
Aprendiz de bruj@ Senior

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Fecha de inscripción : 09/09/2012

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